Llamas a mí…

Primer acto

Integrantes de diferentes grupos feministas realizan una intervención en la Feria Internacional del Libro. En el área que divide las áreas Nacional e Internacional llevan a cabo una versión más de #UnVioladorEnTuCamino, el performance creado por #LasTesis y que, literalmente, le ha dado al vuelta al mundo. En su versión FIL 2019, las morras adaptan la letra y utilizan la visibilidad para denunciar el encubrimiento y la omisión de la UdeG en casos de acoso y abuso.

Ensayo de #UnVioladorEnTuCamino en la FIL 2019

Después del performance, las mujeres pasillean gritando consignas. La gente se pone a la defensiva: han visto demasiada desacreditación en los medios. Seguro no se han dado cuenta que Expo Guadalajara no tiene monumentos. Hay incluso algún connato de bronca. El contingente llega a un stand y se llevan un lote de un libros, pero no cualquiera: el título es Psicoterapia pastoral. Técnicas, mentoría prematrimonial y homosexualidad. En la reseña que se puede leer en Amazon el libro se describe como «una propuesta y respuesta concreta a este flagelo y crisis de identidad como es la homosexualidad. Aunque siempre existió, nunca como el siglo XX y XXI arremetió con tal fuerza que obligó a las sociedades desarrolladas y también a las excluidas a legalizarlo imponiéndose como el derecho de unas minorías en detrimento de las grandes mayorías». Con los libros, las mujeres salen del recinto ferial y en la explanada realizan una pira. Resultado: los titulares consignan «Queman libros en la FIL». Oh, tragedia.

Al tiempo que las páginas arden, se inflama también la indignación: ¡están quemando libros! Nadie repara en el título, sólo en la potencia de la imagen que, efectivamente, nos remite a la historia: la Iglesia Cristiana, ebria de poder, quemando libros prohibidos; el nazismo, pleno de totalitarismo, quemando libros. Nadie se hace preguntas: todos se quedan viendo la pira. Pero… si quemas un libro y detrás de ti no sólo NO hay un régimen autoritario — el Estado o la religión — que fundamente la quema, sino que, por el contrario y además, el régimen establecido en realidad apoya e impulsa, a veces velada y otras abiertamente, las ideas de los promotores del libro que estás quemando, ¿el acto de la quema es autoritario o es una reivindicación?

La gente deja de lado todo el espectro de diferencias, matices, variantes, contextos. Nadie, o casi nadie, piensa en las y los jóvenes que han sufrido y pasado por las mentadas terapias de conversión alentadas por el libro incinerado. Las vidas arruinadas, los traumas infligidos, el dolor, la rabia. Reaccionan como si las llamas estuvieran quemando el pensamiento, como si estuvieran quemando a los filósofos griegos o los matemáticos árabes, cuando en realidad lo que ardía eran ideas fundadas en la imposición, la intolerancia, la tergiversación y los prejuicios.

Segundo acto

El palacio de Bellas Arte presenta una exposición inspirada en la figura de Emiliano Zapata, uno de los personajes más emblemáticos de la Revolución Mexicana. Entre la multiplicidad de propuestas, una provoca el enojo, la indignación, la rabia y la furia de los herederos de Zapata, de las organizaciones que se asumen como zapatistas, de los biempensantes enardecidos por que se ha mancillado al prócer. ¿Por qué el revuelo? El Caudillo del Sur aparece desnudo, derrochando sensualidad, ataviado con tacones del 20 con tacón de revólver, sombrero rosa y banda tricolor, montando un brioso corcel blanco con el miembro en plena y ecuestre erección.

«La Revolución» (Cháirez, 2013)

Jorge Zapata, nieto del héroe nacional, alza la voz: la pintura, dice, «es denigrar la figura de nuestro general pintándolo de gay; yo no tengo nada contra los gays, tengo muchos amigos, pero la verdad se han conducido de la mejor manera y no sé por qué en Bellas Artes, un lugar tan importante para todos, fueron a exponer la figura de nuestro general en esa forma». ¿Les suena la fórmula «yo no tengo nada contra los homosexuales, pero…». Bueno, ahí está otro ejemplo.

No les molesta que el cuadro sea horrible, pobre de técnica y hasta predecible. Tampoco les molesta que, por ejemplo, en otro cuadro el rostro del prócer aparezca en el cuerpo de Speedy González. Les molesta que se muestre como gay. Y es que, ¿quién es el tal pintor Cháirez para poner en duda la virilidad y la hombría del general? ¡Si Zapata era tan viril que tenía chingos de hijos y dejó abandonadas a muchas mujeres! ¡Era un hombre de verdat, no un gay! Plenas de indignación, huestes de campesinos zapatistas acuden a Bellas Artes a vengar la afrenta: quieren quemar el cuadro en cuestión. Adivinen como quién: ¡como las feministas de la FIL! ¡Son iguales: fascistas e intolerantes!

¿Por qué no es lo mismo?

Aunque ambas manifestaciones tienen al fuego como denominador común — en la primera, como acto concretado; en la segunda, en potencia — en realidad, por más que sus calenturas quieran meterlas en el mismo cajón, no son lo mismo. Vamos, ni siquiera son parecidas.

La quema del libro a manos de las feministas obedece a una manifestación contra otra forma de violencia, psicológica y física, que parte de una línea de pensamiento homogénea, de la imposición de una creencia mayoritaria — el mismo libro lo expresa claramente — ; una forma de pensamiento que anula la individualidad y la libre elección. La quema es el símbolo de un grito que exige parar la intervención de terceros en la vida personal y en la elección sexoafectiva de cada quien. Las «terapias de conversión», como las llaman eufemísticamente, no son otra cosa que la anulación del libre albedrío de las personas que no se alinean a lo que esa gran masa pretende imponer atendiendo a la presunta voluntad de una presunta deidad que dicen representar. Se les olvida, vamos, que según su propia creencia el libre albedrío fue un regalo de ese su dios.

La presunta quema del cuadro de Zapata — o su destrucción, como sea que llegara a ocurrir — está más cerca de los creadores e impulsores del libro quemado que de las feministas que lo destruyeron: la rabia y el encono contra la pieza nacen y se alimentan de dos cosas, principalmente: la homofobia y la intolerancia, justo los pilares sobre los que se sostiene Psicoterapia pastoral, el libro quemado por las feministas en la FIL.

En todo caso, el acto de las feministas y el cuadro colgado en el muro de Bellas Artes comparten otra cosa, que nada tiene que ver con las llamas, a saber: la afrenta a la imposición del pensamiento hegemónico y a los prejuicios que nacen de la homofobia.

No celebro la quema del libro, pero celebro la quema del libro.

No me gusta el cuadro, pero ojalá logre permanecer en Bellas Artes.

Porque si sólo vamos a ver lo que nos gusta y sólo vamos a consentir lo que creemos, entonces nos vamos a convertir en ellos. Y, entonces sí, más nos valdría arder en una hoguera.

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Patafísico reprobado. Escribo cuentos. Publiqué «Fe de erratas», «Ciudad y otros relatos» y la plaquette «Eutanasia» (Paraíso Perdido, 2018, 2014 y 2013).

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